La carretera que baja a Cala d'Hort se vacía en septiembre. Hacia las seis de la tarde el calor se ha vuelto plano y sensato, los pinos huelen a resina y no a protector solar, y los dos islotes frente a la costa pasan del gris al bronce mientras tú te sientas a verlos. El alto se lleva el nombre y la mitología; el bajo y plano que queda por delante es Es Vedranell, y es la silueta que acaba en la mayoría de las fotos que la gente cree que son de otra cosa.
Qué estás mirando en realidad
Es Vedrà y Es Vedranell (islotes protegidos frente a la costa suroeste, dentro de la reserva marina) son dos moles de piedra caliza a un kilómetro de la costa, y toda la experiencia depende de dónde te coloques o flotes, porque no puedes desembarcar. No se permite el desembarco: son acantilados de reserva de fauna, con halcones de Eleonora nidificando en ellos, así que los barcos dan vueltas sin bajarse y el resto del mundo mira desde tierra. Es Vedranell es el más bajo y plano, y desde las calas queda justo delante de su vecino mayor, y por eso casi todas las composiciones desde esta costa tienen dos siluetas en vez de una.

La prohibición de desembarcar importa menos de lo que parece. Verlos desde tierra no cuesta nada, y las vistas a ras de mar desde un barco arrancan en unos 35 € por persona. En cualquier caso, lo que compras es un ángulo y una hora del día. Si aciertas con ambos, tienes una de las horas más tranquilas y hermosas del Mediterráneo. Si fallas, estás en la cola del aparcamiento a las dos de la tarde, mirando al sol.
De pie sobre la arena en Cala d'Hort
Cala d'Hort (la cala principal justo frente a los islotes) es el lugar por defecto para verlos ahora que la ruta de la torre por lo alto del acantilado está cerrada, y la vista frontal desde la arena es la mejor gratuita de la isla. La playa es totalmente pública, no hay ningún tipo de política de acceso y un grupo grande no supone problema sobre la arena. La limitación es el aparcamiento más que el acceso: está pasando a ser de pago y durante buena parte de la temporada de 2026 ha estado cerrado o directamente alterado. Cuenta con ello en lugar de confiar en la suerte. Ven en autobús o ven muy temprano. Antes de las diez la cala es sobre todo de locales que nadan y la luz sigue dando a los islotes en vez de quedarles detrás. Un conjunto de hamaca y sombrilla ronda los 20 a 25 € en temporada; a finales de septiembre a menudo no lo necesitarás, porque los pinos dan sombra aprovechable a partir de las cuatro.

Comer con los islotes delante
Es Boldado (en el acantilado sobre Cala d'Hort, a unos minutos a pie desde la arena) te da el ángulo elevado que antes ofrecía el sendero cerrado de la torre, y la subida es lo bastante corta para hacerla andando en vez de coger el coche. La familia Tur Torres lo lleva más de treinta años y está en la guía Michelin, lo que aquí significa cocina local cuidada y no ceremonia. Pide el bullit de peix y deja que se tome el tiempo que necesite. Los platos principales rondan entre 30 y 55 €, los arroces se cobran por persona y la terraza se llena al atardecer. A los grupos se les atiende con reserva; si sois ocho o más, llama antes en lugar de aparecer con esperanza.

El Carmen (directamente en la playa de Cala d'Hort) es la alternativa a ras de mar y la reserva más fiable de las dos en septiembre, porque permanece abierto todos los días hasta octubre, cuando partes de la cala empiezan a bajar el ritmo. Es de gestión familiar y acepta grupos siempre que hayas reservado, pero las mesas van despacio en el almuerzo y nadie te va a meter prisa, así que no lo reserves como parada rápida entre otras dos cosas. Arroces y pescado fresco, unos 35 a 60 € por cabeza. Es Boldado te da la vista desde arriba; El Carmen te da la composición de postal desde la orilla, con los pies casi en la arena.

La cala más tranquila a unos minutos
Cala Carbó (la siguiente cala hacia el norte desde Cala d'Hort, a un par de minutos) es pequeña, de guijarros y aguas claras, y te muestra los islotes de lado en vez de frente: una imagen menos obvia y, en septiembre, mucho más calmada. Es pública pero físicamente diminuta. Dos o cuatro personas caben contentas; doce no, y lo vas a notar. Hay algunas hamacas en temporada y es el punto de partida habitual de los kayaks que bajan hacia el sur a lo largo de los acantilados.

Restaurant Balneari Cala Carbó (en la propia cala) lleva ahí desde 1974 y es la comida menos efectista de este tramo de costa: pescado local de horno y parrilla, pescado entero a peso, arroces desde unos 28 € por persona, bullit de peix bien hecho. El comedor es pequeño, así que reserva con tiempo en temporada y llama si vais en grupo. Si las terrazas del acantilado te parecen una ocasión para la que hay que vestirse, esto es el contrapeso.

Nadar hasta la antigua cantera
Sa Pedrera de Cala d'Hort, la cantera de arenisca abandonada conocida localmente como Atlantis (hacia el sur por los acantilados desde Cala Carbó), surtió la piedra para las murallas del casco antiguo y es leyenda excursionista desde hace años. La situación en 2026 es incómoda. La ruta terrestre de bajada sale del lado de la Torre des Savinar, donde los propietarios de la finca cerraron el acceso en febrero de 2025, y en agosto de 2026 seguía reportándose restringida. El mar es la vía honesta de entrada: en barco, o en kayak desde Cala Carbó si remas con soltura y la previsión es de mar plana. No hay sombra, ni servicios, ni socorrista, no es apto para grupos grandes o poco en forma, y los rescates aquí se facturan al rescatado. Es la norma local, y merece la pena saberlo antes de lanzarte en chanclas.

Ver Es Vedranell desde el agua
La única forma de ver el islote bajo de frente a ras de mar es estar en el agua. Cruceros Portmany (que zarpa desde la bahía al norte de las calas) hace una salida programada de tres horas bajando por la costa suroeste, pasando por Cala Bassa, Comte, Cala Molí, Cala Vadella, Cala Carbó y Cala d'Hort, con una parada para nadar, por unos 35 a 55 € por persona. Es un operador de excursiones y no un barco festivo, las familias y los grupos son bienvenidos, y existe la opción de fletar el barco entero. Su ventaja en septiembre es que esquiva por completo el problema del aparcamiento: no pisas el parking de Cala d'Hort en ningún momento.

Desde el agua la escala cambia. Los acantilados se leen como acantilados, se ve a los halcones aprovechando las corrientes ascendentes y Es Vedranell deja de ser un telón de fondo y se convierte en una cosa con su propia línea de rompiente. Las opciones guiadas en barco para esta atracción suman 460 opiniones de viajeros entre todas, con la mejor valorada en 4,9 sobre 5 con 120 opiniones, y operan los siete días de la semana, así que un día de septiembre con mala previsión suele significar cambiar a otro día y no renunciar a la idea.
La larga vista oblicua desde Es Cubells
Es Cubells (aldea en lo alto del acantilado, en el flanco sur, al este de Cala d'Hort) es la respuesta de veinte minutos en vez de la caminata. El templete junto a la iglesia carmelita de los años 1860 ofrece una larga vista oblicua por los acantilados hasta los islotes, gratis y siempre accesible. Es un pueblo residencial con apenas aparcamiento, así que ve en grupos de dos o cuatro, no en caravana; aparca donde la carretera lo permita, bastante antes de la iglesia, y entra andando. La última hora de la tarde es lo mejor, cuando la luz da la vuelta al cabo y toda la costa sur se despliega ante ti.

Recorrer en coche la carretera de las calas hacia el norte
Cala Vadella (cala turística orientada al oeste, al norte de Cala Carbó) es a lo que recurres cuando el aparcamiento de Cala d'Hort te derrota. Desde aquí no hay vista de los islotes, pero es amplia, resguardada, poco profunda y, con diferencia, la playa más fácil de este tramo para familias y grupos, con bares y restaurantes en el paseo marítimo y hamacas a unos 18 a 22 € el conjunto. También es la base más sensata para recorrer en coche la carretera de las calas, porque todo lo demás queda a quince minutos en una dirección u otra.

Cala Molí (encajada entre Cala Vadella y Cala Tarida) es de forma constante la más vacía de las tres, una pequeña cala de guijarros con alquiler de kayaks en la orilla y un restaurante arriba que acepta grupos con reserva. La playa en sí alberga a muy poca gente. Es una buena parada a media tarde, el hueco entre las calas de Es Vedrà y el atardecer.

El Silencio (en la carretera de la costa al norte de Cala Molí) es el único local de gama alta de la zona, la cocina de Mauro Colagreco repartida en tres espacios distintos, con una política musical que se mantiene balear y no mainstream. Calcula entre 80 y 150 € por cabeza con bebidas. Funciona con reserva y sí acepta grupos, aunque una mesa reservada es la única forma de entrar; no puedes aparecer con doce personas a ver qué pasa.

Terminar el día sobre Comte
Platges de Comte (Cala Comte, en el extremo norte de las calas) te da una imagen completamente distinta, islotes mar adentro y un largo cabo rocoso en vez de la gran roca, y es la playa de atardecer más conocida de la isla con razón. Los grupos se reparten con facilidad por las rocas, aunque los miradores concretos para el atardecer están disputados. El aparcamiento de arriba cuesta unos 10 € en temporada alta, con aparcamiento gratuito a cinco o diez minutos a pie; el autobús L4 desde Sant Antoni te deja en el aparcamiento superior y elimina la discusión por completo.

Sunset Ashram (sobre las rocas de Comte) abre todos los días desde media mañana hasta medianoche, autoservicio hasta el atardecer y servicio de mesa después, con principales de unos 25 a 45 € y cócteles de 15 a 18 €. Llega para la última hora de luz y cena allí, en vez de aparecer hambriento a las nueve, cuando ya no quedan mesas. Las mesas para el atardecer hay que reservarlas.

Es Boldado (on the cliff above Cala d'Hort, a few minutes' walk up from the sand) gives you the elevated angle the closed tower path used to, and the walk up is short enough to do on foot rather than driving. The Tur Torres family have run it for over thirty years and it is Michelin-listed, which here means careful local cooking rather than ceremony. Order the bullit de peix and let it take the time it takes. Mains land roughly between €30 and €55, rice dishes are priced per person, and the terrace fills for sunset. Groups are taken by reservation; if you are eight or more, telephone ahead rather than turning up hopefully.

El Carmen (directly on the beach at Cala d'Hort) is the sea-level alternative and the more reliable September booking of the two, because it stays open daily through October when parts of the cove start winding down. It is family-run and happy with a group provided you have reserved, but the tables turn slowly at lunch and nobody is going to rush you, so do not book it as a quick stop between two other things. Rice dishes and fresh fish, about €35 to €60 a head. Es Boldado gives you the view from above; El Carmen gives you the postcard composition from the waterline with your feet more or less in the sand.

The quieter cove a few minutes along
Cala Carbó (the next cove north of Cala d'Hort, a couple of minutes away) is small, pebbled and clear, and it shows you the islets side-on rather than front-on: a less obvious picture and, in September, a much calmer one. It is public but physically tiny. Two or four people fit happily; twelve do not, and you will feel it. There are a few sunbeds in season, and it is the standard launch point for kayaks heading south along the cliffs.

Restaurant Balneari Cala Carbó (on the cove itself) has been there since 1974 and is the least performative meal on this stretch of coast: oven-and-grill local fish, whole fish sold by weight, rices from about €28 per person, bullit de peix done properly. The room is small, so book well ahead in season and phone if you are a group. If the cliff-top terraces feel like an occasion you have to dress for, this is the counterweight.

Swimming into the old quarry
Sa Pedrera de Cala d'Hort, the abandoned sandstone quarry known locally as Atlantis (south along the cliffs from Cala Carbó), supplied the stone for the old town walls and has been a hiker's legend for years. The position in 2026 is awkward. The land route down runs from the Torre des Savinar side, where the estate owners closed access in February 2025, and it was still reported restricted in August 2026. The sea is the honest way in: by boat, or by kayak from Cala Carbó if you are a competent paddler and the forecast is flat. There is no shade, no facilities and no lifeguard, it is unsuitable for large or unfit groups, and rescues here are billed to the rescued. That is the local rule, and it is worth knowing before you set off in flip-flops.

Seeing Es Vedranell from the water
The only way to see the low islet head-on at sea level is to be on the water. Cruceros Portmany (sailing from the bay north of the inlets) runs a scheduled three-hour trip down the southwest coast past Cala Bassa, Comte, Cala Molí, Cala Vadella, Cala Carbó and Cala d'Hort, with a swim stop, at roughly €35 to €55 per person. It is a sightseeing operator rather than a party boat, families and groups are fine, and whole-boat charters exist. Its advantage in September is that it sidesteps the parking problem entirely: you never touch the Cala d'Hort car park at all.

From the water the scale changes. The cliffs read as cliffs, the falcons are visible working the updraughts, and Es Vedranell stops being a backdrop and becomes a thing with its own surf line. Guided boat options on this attraction carry 460 traveller reviews between them, with the top-rated one at 4.9 out of 5 from 120 reviews, and they run seven days a week, so a September day with a bad forecast usually means moving to another day rather than losing the idea.
The long oblique view from Es Cubells
Es Cubells (clifftop hamlet on the southern flank, east of Cala d'Hort) is the twenty-minute answer rather than the hike. The gazebo beside the 1860s Carmelite church gives a long oblique view down the cliffs to the islets, free and always accessible. It is a residential village with almost no parking, so go in twos and fours, not in a convoy; park wherever the road allows well before the church and walk in. Late afternoon is best, when the light comes round the headland and the whole southern coastline lies out in front of you.

Driving the inlets road north
Cala Vadella (west-facing resort cove north of Cala Carbó) is what you fall back on when the Cala d'Hort car park defeats you. There is no view of the islets from here, but it is wide, sheltered, shallow and by some distance the easiest beach on this stretch for families and groups, with bars and restaurants along the front and sunbeds around €18 to €22 a set. It also makes the most sensible base for driving the inlets road, because everything else is fifteen minutes away in one direction or the other.

Cala Molí (tucked between Cala Vadella and Cala Tarida) is consistently the emptiest of the three, a small pebble cove with kayak rental on the shore and a restaurant above that takes groups by booking. The beach itself holds very few people. It is a good mid-afternoon stop, the gap between the Es Vedrà coves and the sunset.

El Silencio (on the coast road north of Cala Molí) is the one high-end room here, Mauro Colagreco's kitchen across three distinct spaces, with a music policy that stays Balearic rather than mainstream. Expect €80 to €150 a head with drinks. It is reservation-led and does take groups, though a booked table is the only way in; you cannot arrive with twelve people and see what happens.

Ending the day above Comte
Platges de Comte (Cala Comte, at the northern end of the inlets) gives you a different picture entirely, offshore islets and a long rocky headland rather than the big rock, and it is the island's best-known sunset beach for good reason. Groups spread out easily along the rocks, though the specific sunset perches are contested. The upper car park is around €10 in high season, with free parking five to ten minutes' walk away; bus L4 from Sant Antoni drops at the upper car park and removes the argument altogether.

Sunset Ashram (above the rocks at Comte) is open daily from mid-morning until midnight, self-service until early evening and table service after, with mains roughly €25 to €45 and cocktails €15 to €18. Arrive for the last hour of light and eat there, rather than turning up hungry at nine when the tables have gone. Sunset tables need booking.

CBbC Cala Bassa Beach Club (Cala Bassa, de nuevo al norte) es el local más organizado de esta costa y la reserva segura para septiembre cuando los chiringuitos más pequeños empiezan a cerrar: varios restaurantes, reservas de cabañas y camas desde unos 40 €, restaurantes de 40 € a 80 € por persona, y un servicio de barco desde Sant Antoni para que te saltes la carretera. Sus restaurantes siguen abiertos hasta mediados de octubre y el chiringuito de playa aún más tarde.

Cuánto tiempo lleva y cuándo ir cada día
Como medio día, esto es Cala d'Hort más una comida: tres horas, cómodamente. Como día completo es la carretera de las calas de principio a fin, Cala d'Hort por la mañana, Cala Carbó o Cala Molí para un baño, Comte para las últimas luces, lo que viene a ser unas ocho horas incluyendo dos paradas para sentarse y sin prisas. La excursión en barco son tres horas más los desplazamientos de ida y vuelta al puerto.
Las mañanas pertenecen a los islotes. Antes de las once el sol queda a tu espalda, el agua frente a Cala d'Hort es un espejo y las calas están casi vacías. El mediodía es la parte floja del día aquí: calor, aglomeraciones, luz plana y el aparcamiento en su peor momento. A partir de las cinco todo vuelve. La roca se calienta de color, las terrazas se llenan y los últimos noventa minutos son la razón para estar en esta costa. Los fines de semana hay bastante más gente en Cala d'Hort y Comte que entre semana, así que si puedes elegir, elige de martes a jueves.
Reservar con antelación o presentarse sin más
Los islotes en sí no cuestan nada y no necesitan entrada; no hay puerta, ni cola, ni nada que comprar. Todo lo que los rodea sí requiere planificación. Las mesas al atardecer en las terrazas del acantilado y en Comte conviene reservarlas con días de antelación en septiembre, las mesas para grupos de ocho o más necesitan una llamada en lugar de un formulario online, y las excursiones en barco se venden por plaza, así que fija una fecha y una salida concretas en vez de presentarte en el puerto. Existe una opción guiada si prefieres no conducir en absoluto, y funciona los siete días de la semana, lo que facilita reprogramar según el tiempo.
Normas que conviene respetar
No se desembarca en ninguno de los dos islotes, por ningún motivo: es una reserva con acantilados de nidificación, y los barcos que los rodean hacen lo que les está permitido. No planees un descenso a pie a la cantera dando por hecho que el viejo sendero ha reabierto; a fecha de agosto de 2026 seguía habiendo restricciones. Lleva agua, lleva sombrero y llévate la basura de vuelta cuesta arriba, porque ninguna de estas calas tiene la infraestructura de una playa turística.
¿Merece la pena?
Sí, con una condición: ve temprano o ve tarde, y nunca a mediodía. De frente desde la arena de Cala d'Hort es una de las grandes vistas gratuitas del Mediterráneo, y en septiembre la disfrutas sin la avalancha de julio. Les va bien a parejas, caminantes, fotógrafos y a cualquiera que esté contento pasando dos horas haciendo muy poco. Les va menos bien a los grupos grandes: Cala Carbó y Es Cubells sencillamente no pueden absorberlos, y Cala Vadella, Comte o Cala Bassa son las respuestas honestas si sois diez. Si no puedes con el aparcamiento, coge el barco. Es la única forma de ver Es Vedranell de frente a nivel del mar, lo que en cierto modo lo convierte en la mejor versión.






